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El juego

 


En el viejo bar la tarde cae aburrida mientras tomo un café. Ninguno de mis amigos ha venido hoy. De improviso, un desconocido me pregunta si puede compartir la mesa. Asiento con la cabeza y también pide un café. Está de espaldas contra la vidriera que recibe el sol del atardecer. Ese resplandor me impide ver su cara con claridad. Apenas adivino sus rasgos angulosos. Mi ocasional compañero de mesa saca un mazo de naipes y pregunta.

—¿Jugamos al póker?

—Si, puede ser.

—Le cuento que tengo una técnica imbatible.

—¿Cómo es?

—En las distintas manos puedo ganar o perder. Puede ser que usted gane mucho, pero, en la última mano usted pierde todo.

—¿Todo?

—Si, porque se va a entusiasmar ganando y al final, perderá todo en la ultima mano.

—¿Cómo esta tan seguro?

—Es mi juego. Al final siempre usted pierde.

Sentí la tentación de preguntarle por su identidad, saber quien era. Una premonición me hizo desistir.




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