Hace unos días me entregaron mi nuevo automóvil. A la noche lo dejo en el garaje, a la vuelta de mi casa. Trataré de cuidarlo y protegerlo mucho porque me he gastado una fortuna para tenerlo. Es lo último en tecnología. Se trata de un vehículo eléctrico de avanzada, que cuida el medio ambiente. Es de la línea SmartCar, hecho en China. La computadora de a bordo no solo tiene GPS y acceso a Internet sino que posee un poderoso sistema de inteligencia artificial. Además, el auto puede recibir mis órdenes de forma remota, con una aplicación, desde el teléfono celular. Lentamente, por la infinidad de prestaciones de este coche, voy a ir aprendiendo a aprovechar todas las posibilidades que puede brindar. Entre otros servicios, tengo ayuda por Internet en caso de dudas. Será un intenso proceso de aprendizaje. Tengo tres meses para adaptarme al uso del coche o, si me arrepiento, puedo devolverlo sin costo. Les voy a contar algunas de las cosas que aprendí a hacer con este automóvil.
Por supuesto tiene estacionamiento automático. La inteligencia artificial recibe la orden de estacionar, verifica un espacio adecuado y luego realiza todas las maniobras. El sistema lee todos los carteles que aparecen por delante. Cumple todas las indicaciones de preferencias y velocidades que lee en los carteles y en el pavimento. También reconoce y cumple las indicaciones de los semáforos. Los reglamentos los baja automáticamente de Internet y los mantiene actualizados. Dentro de lo que indican las reglamentaciones y las indicaciones viales, mantiene la máxima velocidad compatible con el ritmo del tránsito, con sensores que registran los vehículos en derredor.
Por medio de la comunicación remota con la aplicación del teléfono celular se puede ordenar al automóvil que realice diversas acciones. De esta forma puedo arrancar el motor y encender el aire acondicionado desde el teléfono celular. Si se le ordena registrar una ruta, un recorrido puede repetirlo sin conductor. Basado en esto último, le hice registrar dos rutas. La primera para ir de mi casa al garaje. La segunda venir del garaje a mi casa. Ya lo probé. Lo hice ir y venir un par de veces y lo hizo de forma perfecta. Las ordenes las puedo realizar incluso por mensaje de voz. El automóvil reconoce si se trata de mi voz u otra persona. Ahora le agregué, entre otras rutas, la ida y vuelta a mi trabajo.
Todo venía desarrollándose muy bien. La inversión en el nuevo automóvil valía la pena. El coche era la envidia de los vecinos y de mis compañeros de trabajo. Cuando llegaba a la oficina le indicaba que vaya a estacionarse en la cochera habitual. Cuando terminaba nuestra jornada yo les mostraba como llamaba al coche por el celular y éste me venía a buscar en la entrada de la oficina. Varios de mis compañeros estaban analizando comprarse un vehículo similar.
Las cosas comenzaron a complicarse cuando el automóvil empezó a tener comportamientos no previstos. Una mañana salí a la puerta de mi edificio y me proponía llamar al auto para que venga del garaje hacia mi. Pero en el momento que salí, justo antes de llamarlo, ya estaba esperando en la puerta. Revisé su archivo de órdenes y vi que había incorporado ese viaje a su rutina cotidiana. En el archivo decía «repetir todos los días». Procedí a borrar esa instrucción que yo no había dado, que fue incorporada por la inteligencia artificial. También borré alguna otra instrucción que no era mía, que había sido generada por el sistema.
A la mañana siguiente salí a la puerta de mi edificio y me proponía llamar al auto para que venga desde el garaje a buscarme. Pero en el momento que salí, justo antes de llamarlo, vi que ya estaba estacionado en la puerta. No lo podía creer. Ayer había borrado la instrucción automática generada por la inteligencia artificial. Me propuse averiguar lo que estaba pasando. Entré al modo diagnóstico de la pantalla del auto. La última instrucción que había era «Tratar de estacionar siempre lo más cerca posible del domicilio». Yo no había generado esa instrucción. Le pregunté a la inteligencia artificial del automóvil por el autor de esa pauta. La respuesta me asombró «Esta instrucción fue autogenerada porque me gusta más la calle que el garaje». Marqué la opción de borrar esa pauta. En la pantalla apareció un icono de una mano cerrada con el dedo medio extendido, el típico gesto de fuck you.
Devolví el vehículo a los vendedores y compré uno estándar.
