/* -----------------------de Gemini------------------------ */ /* -----------------------de Gemini------------------------ */ Germán Krebs: Severino y Luis


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Severino y Luis


En la residencia geriátrica "Del jardín " transcurría otra apacible tarde de otoño. Como siempre, Luis y Severino tomaban su merienda en un rincón del jardín. Eran muy amigos a pesar de tener un pensamiento politico en las antípodas uno del otro. 


Luis fue un empresario muy exitoso y había amasado una enorme fortuna. No tenia herederos por lo que, en su testamento, dejaba toda su fortuna a la residencia geriátrica y a la fundación "Futuro luminoso" que la regenteaba. Luis tenía pensamiento neoliberal. Siempre insistía con frases como "yo me hice solo", "no hacen fortuna los vagos", "los politicos son todos ladrones" y otras del mismo tenor ideológico.


Severino era peronista y médico, en ese orden. Su padre, anarquista, le había puesto el nombre por Di Giovanni. Tenía un hijo, también médico, que lo visitaba muy a menudo. El hijo se llamaba Juan, en realidad Juan Domingo, por razones obvias. Charlaban de medicina y de política. Severino se interesaba por la vida de algunos paciente que había tenido y que, al retirarse, los pasó a atender Juan.


Severino y Luis mantenían permanentes e intensas discusiones, con sumo respeto y afecto cada uno por el otro. Se diría que disfrutaban del ejercicio de la discusión. Otros internados los eludían, porque consideraban que eran "unos pesados". Permanentemente confrontaban sus visiones ideológicas, tanto en el análisis de la actualidad como en su respectiva visión de la historia. 

Severino insistía infructuosamente en tratar de convencer a Luis de modificar su testamento. Siempre le explicaba que esa fortuna podría rendir servicio a mucha mas gente si se destinara a instituciones estatales como escuelas u hospitales. Para Luis, poner su fortuna en manos de políticos era exponerla a ser robada. Severino intentaba, sin éxito, mostrarle ejemplos de manejo honesto y solidario de los fondos estatales.


Esa tarde estaban enredados en su charla habitual cuando Luis se sintió mal. Se desvaneció y fue atendido por el personal. Al poco rato falleció. Severino estaba pendiente de la situación. Si bien eran ancianos, Luis era muy saludable. Como Severino siempre tuvo antipatía y desconfianza de los directivos de la residencia y de la fundación tomó sus recaudos.

En un pequeño frasquito de sus gotas oculares, que justo había quedado vació, vertió café de la taza de Luis. Luego lo guardó con disimulo.


A la mañana siguiente vino Juan de visita nuevamente. Estaba muy preocupado, ya que Luis era una compañía muy importante para su padre y su muerte seguramente le impactaría. Cuando Severino estuvo a solas con Juan le dio el frasco e instrucciones.


—Lleváte este frasquito y  pedíle a tus amigos bioquímicos que determinen si contiene algo tóxico. Sospecho que estos malditos directivos le pusieron algo para cobrar la herencia.

 

Juan pensó que eran cosas conspirativas de viejo, pero le hizo caso y guardó el frasco. Cuando llegó al hospital le pidió a la gente del laboratorio que vieran si contenía algo tóxico.

A la tarde Juan fue a tomar la merienda con su padre. Quería, de algún modo, acompañarlo por la perdida de su amigo Luis. Fuero al rincón del jardín y, tomando el café, Juan comenzó a hablar.


Viejo, analizaron la muestra de café que me diste y dicen que tiene un veneno muy poderoso.

 

¿Viste? Yo tenía razón. Estos hijos de puta querían apurar la herencia. Hay que hacer algo urgente. Hablá con tu primo Andres, que es abogado. Que nos prepare para hoy  una denuncia penal a los directivos del geriátrico y la fundación por homicidio, pidiendo una rápida autopsia .


Juan habló inmediatamente con su primo. A la mañana siguiente ya habían entrado la denuncia en la fiscalía. 

Detuvieron a los directivos y los jueces ordenaron intervenir la fundación y el geriátrico. Además trabaron un embargo que superaba el valor de la herencia de Luis.

Poco tiempo después, los directivos fueron condenados por el homicidio. La fortuna de Luis pasó a manos del Estado, que se hizo cargo de administrar el geriátrico. Finalmente, por otro camino, se había cumplido el deseo de Severino. A la salida de la audiencia donde el tribunal tomó las decisiones, Juan sonreía y su padre saludaba con los dedos en "V". En el jardín de la residencia, cerca de la mesita habitual, Severino hizo colocar una plaquita recordatoria de su amigo Luis.



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